I
YO NO MATÉ A NADIE, YO SOLAMENTE LOS VI MORIR…
No fue ni mi dolor, ni mis lamentos, ni mi tristeza, ni mi añoranza, ni menos la gran angustia que yace dentro de mi alma la que provoco tanta tragedia, fue la ira de este pueblo enardecido y cegado en su odio la que con su manto torno la alegría en luto, la que hizo que se segara la esperanza y el perdón y desencadeno la muerte de su propia alma, su esencia.
Tú tan bella que a mi vida llegas,
Y sigilosa a mí fe contemplas,
Me llenas de emociones y parte llevas
En los suspiros que mi alma templan.
Que me abrazan y en su infinita ternura
Me dan un beso con su inspirante toque,
Que me inundan en su hermosura
Y tientan mi alma con un solo roce.
Tú que en tu gala oscura enamoras mi vista
Y aprovechas en mi penumbra interna
Los tropiezos que mi maldad provocan
Para tratar de hacer malas obras.
Fue él mismo, el pueblo quien forjó la espada que lo atravesó, quien ideó las tácticas con las cuales fue torturado, masacrado, mutilado, decapitado, quien hizo todo, quien tiño sus manos del carmesí que brota por las venas de sus hijos, quien planeo una muerte lenta y angustiosa, una muerte tan dolorosa y caprichosa que ni el mismo llanto acudió a consolar, una muerte que ni al hombre más maldito sobre la tierra ha de alcanzar, esa muerte que ni siquiera existen palabras para describir, no por sus hechos, sino por la subjetividad en su angustia y en su punto de ataque, en su invisible blanco que surca y ultima hasta al mismo viento que va cortando a su paso, porque no atravesó ni el corazón, ni el cerebro, ni algún otro órgano vital, atravesó algo más profundo, algo más propio e importante, atravesó el alma, atravesó el amor, la esperanza, los motivos de vivir, ya que no hay dolor más grande e inexplicable que el que vivió al morir este pueblo, cuyo reflejo veía en los muros disfrazados de espejos cada día en su lenta y agónica muerte y aunque todos estén aquí reunidos viéndome perecer, quiero decirles que quien debe morir ya ha muerto, yo ya morí al igual que todos ustedes, ambos hace mucho morimos, ya ninguno es quien solía ser, ustedes querían a un asesino y heme aquí para cumplir con su capricho, y aunque no lo pedían en sus bocas, en su silencio susurraba una voz sedienta de sangre que pedía en su agonizante llanto un poco de negra paz, la falsa paz que queda luego de una batalla, aquella que se respira entre todos los cuerpos inertes y yacentes entre tanta sangre y destrucción, eran ustedes quienes pedían por esto, ustedes fueron quienes poco a poco le han arrancado a cada madre, a cada niño, a cada hombre su motivo de vivir y se lo han cambiado por el deseo de una emoción, de un misterio sin importar las consecuencias, los caminos que debían de tomar, y siguieron el consejo y se tomaron al pié de la letra aquella frase que dice: “el fin justifica los medios”, y he aquí su gran final, lo que durante tanto tiempo esperaron, he aquí todo lo que buscaron ocultando los medios ya antes mencionados, los medios que hoy deja mi muerte terrenal ya sin ningún sentido ni sabor, porque ustedes me quitaron mi vida, me quitaron mi razón de ser, y yo les quite algo más, les quite el valor y les dejé sólo un espacio vacío, el cual ustedes llenaron de miedo e inseguridad, de desconfianza, y fue antes que ustedes me mataron, cuando me hicieron ver morir a mi amada y a mi perfectamente imperfecta amada familia, pero me voy con la satisfacción de que yo no los mate, y aunque las pruebas sean ciertas, yo lo sé, aunque sepa el mundo que mis manos están empapadas y manchadas en la sangre de las víctimas no me importa, yo he presenciado la muerte de trece, y he visto morir a muchos más, y aunque ahora me vaya con un letrero en la frente ante ustedes que dice asesino, yo no mate a nadie, yo solamente los vi morir, ese nombre es de ustedes…
Cuando yo empecé no había nada, sólo paz era lo que se respiraba en mí, el amor fluía, pero fueron ustedes los que provocaron esto; ¡yo no lo hice! Repito, ¡yo no mate a nadie! yo solamente los vi morir; fueron ustedes quienes por su codicia, su ambición y sus deseos carnales mataron mi esperanza, mataron mi amor, dejaron sólo muerte en mí, la muerte que se expandió por todos ustedes, por los patios de sus casas, por las cunas de sus niños, muerte que viajó entre ustedes, dentro de ustedes y creció, se fortaleció y luego salió, y ahora por qué se extrañan de ver esto, por qué lloran por quienes dicen que amaron, yo no maté a nadie, fueron ustedes, yo solamente los vi morir…
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