Antes de que los cielos se abran sobre una iglesia o una nación, el cielo se abre sobre una persona o grupo de personas que oran intensamente a Dios. La oración es un detonador del avance del reino que depende de la dedicación de hombres y mujeres que tienen una profunda relación con Dios.
La oración es el único instrumento que puede acabar con la superficialidad en la iglesia moderna. Este ejército levantado en oración puede desviar el ataque masivo que el enemigo ha enviado para desviar a la iglesia de su devoción a Cristo.
Hay un despertar de oración por todo el mundo. Escuchamos de movimientos de oración poderosos levantándose por toda la tierra, muchos de ellos inspirados en los ejemplos de los hombres de siglos pasados.
Quisiera compartir algunos escritos de aquellos siervos de Dios, recopilados por Leonardo Ravenhill: El primero es de E. M. Bounds, un hombre de extraordinaria devoción, quien dedicó su vida a orar, y a escribir sobre su Señor y Salvador.
La oración es la condición eterna y primordial por la que puede rogarse al Padre que ponga el mundo bajo el gobierno del Hijo. Si hubiera habido oración constante, insistente, universal, por parte del pueblo de Dios, ya hace tiempo que este mundo hubiera sido dominado por Cristo. La demora no puede adjudicarse a obstáculos crónicos sino a la falta de peticiones adecuadas. Hacemos todo menos orar. A pesar de lo pobre de nuestras ofrendas, nuestras contribuciones de dinero superan nuestra ofrenda de oración. Quizá en una congregación típica, cincuenta contribuyen con dinero, mientras una sola alma santa y fervorosa se encierra con Dios y lucha por la liberación del mundo ateo.
Orar es la cosa más fácil y la más difícil de hacer; la más simple y la más sublime; la más débil y la más poderosa; sus resultados están más allá de las posibilidades humanas, están limitadas solo por la omnipotencia de Dios. Pocos cristianos tienen siquiera una mínima idea de lo que es el poder de la oración; y menos aún los que tienen una experiencia de ese poder.
La escasez de oración es la característica de una época de apostasía y de una iglesia apóstata. Cada vez que hay poca oración en el púlpito o en la congregación, la bancarrota espiritual es inminente. La causa de Dios no tiene una era comercial, un una época cultural, ni una etapa educativa, ni una temporada bursátil. Tiene una sola época de oro, la época de la oración. Cuando sus líderes son hombres de oración, cuando la oración es el elemento central de la adoración, entonces la iglesia se vuelve triunfante.
La iglesia está contaminándose con el mundo en muchos aspectos y en muchas maneras. El mundo se escurre dentro de la iglesia; se derrama dentro de ella; penetra con una máscara disimulada; llega a la jerarquía y a los niveles inferiores, se cuela por muchos lugares secretos.
El cristianismo está destinado a decaer cuando se obstaculiza la oración. El que está demasiado ocupado para orar está demasiado ocupado para vivir una vida de santidad. Juan Wesley escribió:
El descuido de la oración es un gran obstáculo a la santidad. Cuán humilde, cuan lleno de amor para con Dios y los hombres hubieras sido con sólo habérselo pedido... ¡Pide!... hasta que te sea posible experimentar y practicar de modo perfecto todos los mandamientos que Jesús describió en el Sermón del Monte.
Las otras obligaciones nos absorben y van desplazando a la oración. “Muerte por asfixia” sería el veredicto del médico forense en muchos casos de oración extinguida si se llevara a cabo una investigación sobre esta calamidad espiritual.
Esta forma de frenar la oración es tan natural, tan fácil, tan inocente, que nos toma a todos por sorpresa. Si permitimos que otras cosas sofoquen nuestra oración, siempre la ahogarán. Un aposento cerrado implica exceso de trabajo religioso, o lo que es peor, mantener nuestra relación con Dios a costa de otro y no de Dios, y para la gloria de algún otro.
Samuel Chadwick, otro profundo conocedor de la oración añade:
Lo que más teme Satán es la oración… La iglesia que había perdido a Cristo estaba llena de buenas obras. Las actividades se multiplicaban tanto que no había tiempo para la meditación, y las organizaciones requerían tanta energía que no quedaba nada para la oración. Las almas pueden perderse en las buenas obras, lo mismo que en las malas.
El único problema que tiene el diablo es asegurarse que los santos no oren. No les teme a los estudios, la obra, o la religión, siempre y cuando todo ello vaya sin oración. Se ríe de nuestro sudor, se mofa de nuestra sabiduría pero tiembla cuando nos ve de rodillas.
Decir oraciones de una manera decente y delicada no es trabajo pesado. Pero orar verdaderamente, orar hasta que el infierno sienta el golpe que se le está atestando, orar hasta que las puertas de hierro de las dificultades se abran, hasta que las montañas de obstáculos desaparezcan, esto si es trabajo duro. Pero es la mejor obra de Dios y el mejor oficio del hombre.
Hudson Taylor relató la siguiente historia sobre el poder de la oración:
Un joven había sido llamado para servir en un campo misionero extranjero. No tenía la costumbre de predicar, pero sabía una cosa: cómo precer en oración con Dios. Yendo a un amigo un día le dijo: no veo como Dios me pueda usar en el campo misionero. No tengo ningún talento especial. El amigo le contestó: Hermano, Dios quiere hombres que puedan orar: Hay demasiados “predicadores” pero muy pocos “ora-dores”. El joven fue. Se le oía rogar por las almas, llorando, en su habitación en la madrugada. Durante el día, cerraba la puerta y el silencio que reinaba hacía pensar que su alma estaba luchando con Dios. Y a su casa acudían en bandadas almas sedientas atraídas por un poder irresistible.
Ah, el misterio tiene una explicación. En la cámara secreta se oraba por las almas y se las reclamaba. El Espíritu Santo sabía donde estaban y se las enviaba.
El Espíritu Santo volverá a derramar el espíritu de gracia y oración en este tiempo. Las cámaras secretas volverán abrirse para dar paso a los que se pararán en la brecha por su generación, aquellos que paralizarán los designios del enemigo, aquellos que no negociarán sus tiempos de oración.
Creemos que nuevamente el Señor levantará hombres y mujeres que verán brotar la salvación y la justicia mientras oran sobre sus rodillas.