Justo cuando uno se convence de que el destino del ser humano es volver al estado de inconciencia, esa tranquilidad de ser un animalito sin mayor necesidad que comer surge la inconmensurable pasion del ser por buscar una razon para su existencia, muchas veces tiene el nombre de una mujer, en otras los sueños que se persiguen y en la vida del iluso hombre se enmarañan estas dos.