Si te digo que ya te olvide,
que no pienso en ti ni un solo día,
que lo que algún día me diste ahora me sabe amargo.
Y si te dijera que ya no me duele mas tu nombre
y que por eso ya no te nombro mas,
ni cuando sueño despierto,
ni en mis tristezas o mis alegrias.
Que de ahora en adelante puedo llamarte amigo
y que podría salir contigo sin que la piel se me erize
y que mi corazón estalle en mil pedazos.
Seguro que me lo creerías... pero
¿quien me lo hace creer a mi?