Me encantaría vivir en tus ojos
ésas salvajes llamas danzantes,
y ardería por mantenerte en los míos
como atesorando el mismo sueño
que alguna vez hubiésemos concebido.
Y entre alegría y melancolía,
sonrisas y llantos,
entre dudas y certezas
siempre a tu lado,
para invadirte con abrazos
y rendirme en los tuyos,
sin decir lo que queremos decir,
con la piel encendida por la dulce inquietud,
dos corazones exaltados.
Aprender a convivir en delirio,
sufrir y disfrutar contigo
de la luz y de las sombras,
pero siempre y sobre todo:
de tu estruendo y de mi silencio.
Editado el 22 de septiembre de 2007.