Muchos creyentes no se sienten seguros en el amor de Dios. Entienden de una manera intelectual que Dios los ama, pero sus corazones no lo captan.
Necesitamos creerlo con el corazón.
El problema consiste en que le damos atributos humanos al amor de Dios.
El amor humano es condicional, “Si actúas de tal manera te amaré más”, “Si haces esto, te amare menos”.
El amor de Dios es perfecto, es distinto al amor de los seres humanos.
Ninguna buena obra, ninguna disciplina de oración, ayuno, lectura bíblica, santidad, hará que Dios te ame más. De la misma manera nada malo que hagas hará que Dios te ame menos.
Es obvio que el pecado afecta nuestra relación con Dios, pero Dios no deja de amarte.
Sin duda alguna Juan tenía una mejor relación con Jesús que el resto de los discípulos, y eso se debía a lo seguro que él se sentía en su amor.
No podemos tener una buena relación con el Señor, si no nos sentimos seguros en su amor.
Todos somos amados de Dios.
¡Todos somos los discípulos amados!